lunes, 22 de octubre de 2012

AUSENCIA


Hola, cariño, ¿cómo amaneciste? Por la sorpresa en tu rostro imagino que ya se te hizo tarde. ¿Cuándo entenderás que acostarte a las tres escribiendo las historias de tu blog te quitan mucho tiempo y alejan de tus responsabilidades? Bah, nunca me escuchas. ¿Oíste la puerta? Sí, es tu abue con ese jugo mañanero que te salva el estómago. Pues sin él en unas horas desmayarías en pleno laburo. ¿Aún te vas a poner a pensar qué polo combina con tu chompa? Tú sí eres un loco, si todas tienen rayas negras las que “caen bien con todo”. Tu escusa barata para usarlas. Vístete de una buena vez. Pero te detienes y miras tu celular a ver si hay un mensaje de ella. Pero no, no lo está.

Bajas rápido, apenas y te despides de tu familia. Sales al paradero y miras la hora en tu móvil. Ya es tarde. Lo mejor será tomar un colectivo que te dejará más cerca a tu destino. Aguardando por uno semivacío preguntas si va a la plaza San Martín. No sé por qué lo haces si todos tienen ese destino. Subes y vuelves a mirar tu celular. Piensas que a diario una voz te acompañaba camino al trabajo. Pero buscas entre los contactos y no, no lo está.

Ya en tu posición te dan las doce, qué rápido se te pasan las horas peleando con la gente ¿no? Deja de ser tan flojo y no guardes tantos contactos para llamar luego. Insisto que si son un no fideliza debieras botarlos de a pocos de tu agenda. Ves la hora en esa pc. Aún falta mucho para las cinco. Por qué lo haces querido ¿Alguien te espera a esa hora? Sales a comer, te distraes charlando amenamente con tus compañeras. ¿Algún chisme del día? ¿Quién renuncia? ¿Qué nueva irregularidad ocurrió con esa empresa que tanto odias y amas? Quedan unos minutos, revisas nuevamente el celular. Sí, un mensaje de texto, sorpresa la tuya al abrirlo: “Fernando necesito de tu ayuda, hablamos luego ¿ok?”, tu mejor amiga. Era ella. Pero algo en tu interior esperaba que fuese otra persona. Pero no, ese mensaje de ella no lo está.

Son las 4:57, a tres minutos de salir de tu centro de labores. La ansiedad te gana y quieres salir pero… un fuerte ruido te arranca la ilusión. Cayó una llamada. Sabes que debes contestarlo, tu líder te está mirando mal. Vaya calvario, te tomó 10 minutos atenderlo. Contaste cada segundo ¿no? Hasta que aceptó quedarse con la basura que le ofrece tu empresa. Apagas la computadora y huyes camino hacia ese lugar secreto de tu trabajo que solo ella y tú conocen. Caminas, apresuras el paso, terminas corriendo y llegas. ¿Qué esperabas, hallarla sentada en el piso esperando por ti? ¿Viéndola sumisa y con sus ojos destellando de amor por ti? ¿Con algún dulce o sorpresa para ti?  Y que le dirías ¿Quítate los aretes amor? ¿Disculpa haberte hecho esperar, tú sabes como es mi trabajo? Pero no podías hacerlo porque no, no lo está.

Sales del lugar, quedas pensativo ¿Qué pasó? ¿Por qu­é no vino? Piensas incierto. Bajas por el piso sétimo, ¿acaso no era ahí donde siempre despedías a alguien? “Corre, marca y entra rápido que se te hace tarde, conéctate de la valla sino.” ¿Por qué esa frase no volvió a salir de tu boca? Sentiste que te ataron la lengua ¿no? Tus labios no están impregnados de un sabor a miel, tu chompa no lleva el perfume ese que dijiste te gustaba. Caminas, miras adentro de esa sala buscando pero no, no lo está.

Saliste de la empresa y caminas por todo ese trayecto que un día te encontraron con sus ojos, grandes y negros ojos. Rememoras aquella vez primera que hablaron. ¿Recuerdas cuando descaradamente te saludó y se fue sin oír tu despedida? Llegaste a esa esquina tan peligrosa pero que lleva consigo el comienzo de una historia. Vestía una chompa roja, encima otra ploma, unas balerinas del mismo color que hacían juego. Sus cabellos alborotados, su sello personal. Caminaste una cuadra más, pasaste la iglesia, te latía el corazón a mil. Llegaste a esa esquina donde un hombre suele “jalar” gente. Más allá una fotocopiadora, la ves, agudizas tu vista para que no se te escape detalle. Una cara conocida te mira a lo lejos y voltea la vista. La reconocerías fácilmente. Vestía de negro luto. Su rostro un poco desencajado te asustó. De pronto caminó hacia ti, te dio un papel y se fue hacia el otro lado de la calle y se perdió entre los autos. Te quedaste parado, por un momento no te hallaste, para ubicarte alzaste la mirada, estabas fuera de una universidad. Esperaste cinco minutos más ¿Quién llegaría Fernando? ¿Habías concertado alguna cita? Recuerdas que sí pero no llegó, no está, no lo está.

Decidiste partir, con una extraña sensación de vacío, ¿qué rayos te pasaba Fernando, es que te estabas volviendo loco? Llegaste al paradero, pero al frente vez pasar varios carros con destino la avenida Grau. Cruzas, miras hacia todos los lados sin hallar respuesta a tu interrogante. Un joven en él despide a su novia diciéndole: “Llámame cuando llegues ¿ok? Te quiero”, acto seguido un beso ¿Esa rutina no se te hacia familiar? Lloras, no sabes por qué. Sigues buscando a alguien. Cariño, pareces paranoico. Tu mirada intenta crear a eso que esperabas, pero ni tu imaginación la evoca. Y no, una vez más no lo está.

Corres, subes al primer auto semivacío, alcanzas sitio. Colocas tus audífonos en tus oídos y a todo volumen oyes esa música estruendosa que me fastidia. Fastidiaba. Una lágrima cae de tu rostro ¿Qué te pasó, Fer? ¿Lograste dar con eso que te inquietó el día entero? Pasas por el paradero que da camino a Mirones, ¿te trae algún recuerdo ese lugar? A unas cuadras más está tu destino. Bajas, pagas con una moneda y caminas. La gente te mira, son evidentes tus lágrimas corazón, disimúlalas un poco, no eres así. Abres la puerta de tu morada y corres a tu habitación. Arrojas al suelo la mochila que carga tu almuerzo diario y te tiras a la cama a llorar cual bebe desconsolado. Y por fin recuerdas.

Ella murió, hace unos días de un infarto. Nadie quiso avisarte, tres meses después lo supiste y la rabia te come. Pues ese “hasta pronto” que le prometiste se convirtió en ese “adiós” que ella te pregonó en la cara. Perdón, que yo te pregoné en la cara. Escribí estas línea casi convaleciente, y le pedí a mi mejor amiga que te las diera. Sé que con mala cara lo hizo, tarde pero lo hizo. Lamento no estar más ahí para ti, pero es que el tiempo se me agotó. No tenía pre diabetes, tenía cáncer. Y estos últimos meses, desde que nos separamos,  me consumió toda y no quería me recuerdes así. Quiero que sepas que te quise mucho, bah, aún en mi otra vida te quiero. Aún te espero, aquí te espero, sé que pronto nos encontraremos y me amarás tanto como yo a ti. Mientras tanto sé feliz en esta vida. Que en la otra aguardaré aún por ti, por un nosotros.
Y siempre nos pasan cosas que nos duelen, el adiós a un ser querido marca. A modo de broma cruel hice esta nota.

viernes, 19 de octubre de 2012

UNA VEZ MAS: ME EQUIVOQUE


“Me equivoqué, nunca te quise, la verdad solo te veía como una amiga, una mejor amiga”. Así empezó el monólogo de mi amado, despidiéndose sin el menor reparo de otra ex más. Hace días lo notaba extraño, ese afecto con el cual empezó todo se deterioró. Me sentía la gran culpable, la que no fue suficiente para un hombre como él. Dejé que me explorara como nadie por el simple hecho de placerlo. Pero no, no fue suficiente.  Dejé de lado a personas que realmente sabían, sin ser adivinos, de mi futuro con él. Quienes todo el tiempo me repetían que no era lo que yo merecía. Tarde me di cuenta del por qué.

Porque no me calzabas, porque no me hacías lucir bien, porque no éramos uno. Dejé pasar mis frivolidades, pero con el tiempo tal vez estas saldrían a flote. Ahora no soy más que una sombra gris que se oscurece más ante un rayo de luz. Unos ojos que por más maquillaje que les ponga evidencian su pena infinita. Un rostro pálido y un cuerpo escondido bajo mil prendas. Pero me llegó la depresión, esa que viene cuando tú te vas. Esa que sabe Dios que haga conmigo, a la cual me someteré misma esclava sin reproches. Pero es que ya no tengo fuerzas, me extenuaste.

Aún retumban en mi cabeza todas esas palabras que con crueldad salían de tu boca. Lloro, y no es suficiente. Me rasgué los brazos, y no es suficiente. Tomé 4 pastillas, y no fue suficiente. Pero al parecer aún hay un designio para mi vida, mientras llega yo aguardaré concentrada perfectamente en mi único y fiel amor: mi profesión. A quien también alejé de mi vida por ti.

Hoy la retomo, retomo mi relación con ella. Quiero darle todo porque se lo merece, es la única que me entiende y alivia. No soy fuerte, nunca lo fui. Pero de todo se aprende en esta vida ¿no? Solo le pido que no sea tan injusta de hacer que me cruce contigo. Que no vuelva a ver esa mirada que me desahuciaba. No volver a sentir cerca tu presencia que me alejaba de cualquier compostura o raciocinio. Que impida que cuando vea un hombre con una chompa a rayas negras corra a abrazarlo. Que no afloren números de mi cabeza y que al hilvanarlos tenga la forma de dar contigo.

Te adoro, aún lo haré quién sabe por cuánto tiempo más. Porque el refugio que hallé en ti me libraba de todo mal. Menos el tuyo. Te llevaste mi corazón, tenle algo de respeto. Y no le llores, no le pidas perdón. Ahorita es un sordo más. Simplemente ignóralo. Sé feliz, con la princesa de tus sueños, con esa por quien te vas. Por ese fantasma que en breve, estoy segura, se ha de materializar en cuerpo y se llenará del tuyo en ese hotel. Sé muy feliz y agradecido con la vida. Triunfa, lo mereces. Y una cosa más: aclárate en tus ideas, si es preciso enciérrate por unos años hasta estar convencido de lo que realmente quieres. Y cuando escojas para bien o mal asumas sus consecuencias y nunca te arrepientas pues al fin y al cabo era lo que dado un momento en este espacio y tiempo querías.

Me despido con un adiós, ya que cuando la vida te vuelva  poner en mi camino serás un remoto pasado que no, no fue mejor. Espero puedas remembrar una de las frases que dije pues: yo perdono, pero nunca olvido. Y lo que pasó ya marcado esta… Adiós cariño, adiós "mensito".