“Me
equivoqué, nunca te quise, la verdad solo te veía como una amiga, una mejor
amiga”. Así empezó el monólogo de mi amado, despidiéndose sin el menor reparo
de otra ex más. Hace días lo notaba extraño, ese afecto con el cual empezó todo
se deterioró. Me sentía la gran culpable, la que no fue suficiente para un
hombre como él. Dejé que me explorara como nadie por el simple hecho de
placerlo. Pero no, no fue suficiente. Dejé
de lado a personas que realmente sabían, sin ser adivinos, de mi futuro con él. Quienes todo el tiempo me repetían que no
era lo que yo merecía. Tarde me di cuenta del por qué.
Porque no
me calzabas, porque no me hacías lucir bien, porque no éramos uno. Dejé pasar
mis frivolidades, pero con el tiempo tal vez estas saldrían a flote. Ahora no
soy más que una sombra gris que se oscurece más ante un rayo de luz. Unos ojos
que por más maquillaje que les ponga evidencian su pena infinita. Un rostro
pálido y un cuerpo escondido bajo mil prendas. Pero me llegó la depresión, esa
que viene cuando tú te vas. Esa que sabe Dios que haga conmigo, a la cual me
someteré misma esclava sin reproches. Pero es que ya no tengo fuerzas, me
extenuaste.
Aún retumban
en mi cabeza todas esas palabras que con crueldad salían de tu boca. Lloro, y
no es suficiente. Me rasgué los brazos, y no es suficiente. Tomé 4 pastillas, y
no fue suficiente. Pero al parecer aún hay un designio para mi vida, mientras
llega yo aguardaré concentrada perfectamente en mi único y fiel amor: mi
profesión. A quien también alejé de mi vida por ti.
Hoy la
retomo, retomo mi relación con ella. Quiero darle todo porque se lo merece, es
la única que me entiende y alivia. No soy fuerte, nunca lo fui. Pero de todo se
aprende en esta vida ¿no? Solo le pido que no sea tan injusta de hacer que me
cruce contigo. Que no vuelva a ver esa mirada que me desahuciaba. No volver a sentir
cerca tu presencia que me alejaba de cualquier compostura o raciocinio. Que
impida que cuando vea un hombre con una chompa a rayas negras corra a
abrazarlo. Que no afloren números de mi cabeza y que al hilvanarlos tenga la
forma de dar contigo.
Te adoro,
aún lo haré quién sabe por cuánto tiempo más. Porque el refugio que hallé en ti
me libraba de todo mal. Menos el tuyo. Te llevaste mi corazón, tenle algo de
respeto. Y no le llores, no le pidas perdón. Ahorita es un sordo más. Simplemente
ignóralo. Sé feliz, con la princesa de tus sueños, con esa por quien te vas.
Por ese fantasma que en breve, estoy segura, se ha de materializar en cuerpo y
se llenará del tuyo en ese hotel. Sé muy feliz y agradecido con la vida.
Triunfa, lo mereces. Y una cosa más: aclárate en tus ideas, si es preciso
enciérrate por unos años hasta estar convencido de lo que realmente quieres. Y
cuando escojas para bien o mal asumas sus consecuencias y nunca te
arrepientas pues al fin y al cabo era lo que dado un momento en este espacio y
tiempo querías.
Me despido
con un adiós, ya que cuando la vida te vuelva
poner en mi camino serás un remoto pasado que no, no fue mejor. Espero
puedas remembrar una de las frases que dije pues: yo perdono, pero nunca olvido.
Y lo que pasó ya marcado esta… Adiós cariño, adiós "mensito".
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