Mis frenéticos movimientos dieron paso a su iniciativa de
hablarme. Un “hola”, seguido de un “¿bailamos?” fueron las pocas frases que
entablamos, luego nuestras bocas solo servían para entregarnos en apasionados
besos. Eduardo, un joven “bien parecido”
como diría mi abuela, se presentó aquella noche ante mis ojos, y estos
destellaban al sentirlo “el indicado”.
Bailamos, una, cinco, dieciocho o treinta canciones, no lo
sé, solo recuerdo que cada pieza musical era un pretexto para moldearme a su
figura y llenarlo de besos. Me sentía querida, plenamente correspondida pero,
que maldita manía la mía de enamorarme antes de saber su nombre.
De pronto mi dulce, y nuevo amor, fue por unos tragos. Mas
mi disparatado yo andaba nuevamente al ruedo. En una esquina, con una minifalda
y un escote totalmente cautivador, una luz roja apuntando mi pose fue
suficiente para que Renato voltease a verme.
Por su parte Eduardo no se decidía en cuál sería el trago
adecuado para su dama. Ella, sin embargo, sabía bien lo que quería. Renato
llega a la escena y pregunta: “Hola, ¿bailamos?” y nuevamente se repite el círculo
para Roxanne. Eduardo, a lo lejos tira la copa al suelo ofuscado pues su dama
se fue con otro. Y ese otro, era su amigo.
Aqui una de mis canciones favoritas, Roxanne de "The Police". Porque todas llevamos una Roxanne dentro.
Aqui una de mis canciones favoritas, Roxanne de "The Police". Porque todas llevamos una Roxanne dentro.
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