El reloj de su celular marca las
6:00 am. De forma automática se oye un fuerte “ruido”. Denominación que le dio
su padre a la música métal que tanto ama oír. ¿Cinco minutos más? Sabe bien que
eso no funciona. Ya lo amonestaron en su trabajo por sus constantes tardanzas.
Es hora de cambiar ello. Si bien el invierno es su estación favorita, a
Fernando le cuesta terriblemente despojarse de su compañía nocturna: su frazada.
Una ducha breve, cinco segundos para elegir su atuendo y baja rápidamente a
tomar desayuno: “ya es tarde”, comenta Fernando a sus abuelos.
Se coloca los audífonos, sube el
volumen al reproductor, que no es suficiente pero al menos lo entretiene, y
camina al paradero. Sube al vehículo de siempre, en
ese lapso camino al trabajo su mente divaga por los lugares más recónditos de
su corazón. Duda, asiente o niega. Lo inquietan muchas cosas, lo calma solo
una.
Llega a su destino, acelera el
paso pues está a pocos metros de una tardanza más. Ya no puede darse ese lujo.
Marca su tarjeta, 7:58 am, “uf, casi no la hago”, se habla mientras ingresa al
call.
Su rutina esta comprendida entre
llamadas, clientes caprichosos, muchas conversaciones y presiones. Es
teleoperador . Se encarga de convencer a clientes de una empresa móvil de mantener
su plan vigente. Tarea nada fácil. Pero él sabe de su talento y arte al momento
de convencer. Es publicista.
Si bien se le pasa por la mente
renunciar a este empleo, lo cierto es que lleva año y medio. Todo un logro para
él que no se daba más de 3 meses en la carrera. Fernando tiene un ángel especial.
Es un hombre muy perceptivo, detallista y atento. Cualidades que cautivarían a
cualquier dama. Justamente por eso su corazón ya tiene dueña. Una jovencita bella
y afortunada.
Yo lo recuerdo mucho. Hicimos
amistad hace algunos meses y hace unas semanas se afianzó. Aunque por razones
del destino ahora lo tengo lejos, y lo tendrá aún más después de hoy.
Me han despedido, y lo único que
me duele es no verle más. No sé cómo decirle. Probablemente me despida con un
fuerte abrazo y un hasta pronto. Pero eso me dolería más.
Así que recurrí a mi viejo
oficio: el de “escribana”. Le dejé una nota. Espero que la señora de limpieza
no lo arroje a la basura. Y en ella versaba mi sincera declaración : “Cariño cuídate,
se tan jovial, entretenido y el dulce hombre que sos. Y del que me enamore. Sí,
del que me enamore. Ya sabes que se ocultaba detrás de mis “Te odio”. Jamás fue
cierto, quizá hubiese querido que lo fuese, pero no. Espero no incomodarte con
mis palabras, pero es una forma de catarsis que me dejará tranquila. ¿Sabes? Te
quiero mucho, y guardo el mejor recuerdo de ti. Éxitos. Mabel.
Y así dejo atrás no solo mi
trabajo, sino también a un buen amor. Que no correspondió pero que sí me llenó
de alegrías, sueños, desvelos y por qué no, de esperanza. Ya que en otra vida
acordamos no odiarnos, sino todo lo contrario ¿Verdad, Fer?
Post dedicado a un hombre muy especial en mi vida, que llegó a llenarla de risas y sueños.
Post dedicado a un hombre muy especial en mi vida, que llegó a llenarla de risas y sueños.
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